Sólo puedo dar gracias a esos dos seres tan queridos para mi y para tantos otros que nos abandonaron este 1 de noviembre de 2007... gracias por dejarme haber sido parte de sus vidas y por cuidar nuestros pasos desde ahora, juntos...
Hoy como nunca deseé haber nacido antes y haber sido testigo de aunque fuese una de las tantas hazañas que conocí de esa gran persona que fue mi Tata, pero si la vida quiso que no fuera así, es porque probablemente en este momento de mi vida y sólo ahora puedo entender como lo dice la hermosa parábola que mi abuelo narró a mi tío Manuel, y que hoy el narró a mi y que a mi tanto me gustaría dejar plasmada aunque sea en este medio tan vacío... si la hubiese escrito yo diría más menos así:
Primo... Ariel, abrazarte me dejó sin palabras, pero a ti dedico todo este aprendizaje y toda la felicidad que siento hoy de conocer facetas que quizá tu ya conoces de mi abuelo, pero que a mi como ser humano me llenan desde el rincón más lejano de mi corazón... a ti dedico y dirijo esa lucecita que brilla ahora en mi espíritu mientras lloro nuevas lágrimas, lágrimas distintas, que el recuerdo de tu esposa y tus hijos gritando en esta casa, el recuerdo de esas sonrisas tan hermosas que nunca se extinguirán consuelan mejor que cualquier otra cosa.
Primo mío, ten presente siempre que desde hoy puedes mirar al cielo y llenarte de alegría, porque en esa inmensidad hay un destello, una estrella que es sólo tuya; puedes alzar la vista y saber que hay un trozo del cielo que te pertenece sólo a ti...
Mucho ha cavado hoy el dolor en muchos corazones, la pérdida de dos seres queridos en un mismo día duele sobremanera, pero con el paso del tiempo y el apoyo mutuo un día despertaremos y encontraremos que ese mismo agujero que hoy agranda el dolor estará copado de paz y de felicidad.
Robinson Avila Valenzuela

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