La parábola del sorzal (por Robinson Avila Valenzuela)

zorzal.jpgSólo puedo dar gracias a esos dos seres tan queridos para mi y para tantos otros que nos abandonaron este 1 de noviembre de 2007... gracias por dejarme haber sido parte de sus vidas y por cuidar nuestros pasos desde ahora, juntos...

Hoy como nunca deseé haber nacido antes y haber sido testigo de aunque fuese una de las tantas hazañas que conocí de esa gran persona que fue mi Tata, pero si la vida quiso que no fuera así, es porque probablemente en este momento de mi vida y sólo ahora puedo entender como lo dice la hermosa parábola que mi abuelo narró a mi tío Manuel, y que hoy el narró a mi y que a mi tanto me gustaría dejar plasmada aunque sea en este medio tan vacío... si la hubiese escrito yo diría más menos así:

"La historia habla de un hombre que toda su vida la vivió sobre dos ruedas. Ciclista y amante de la caza, padre de 6 hijos, un día como tantos salió de caza con uno de ellos, por motivos que sólo él conoce. Escopeta en mano, de dos cañones, iniciaron la caza, y a poco andar, el cazador abrió fuego a un grupo de zorzales. Entre ellos, uno herido intentaba volar para alejarse del peligro, pero el cazador decidido a no permitirlo se le acercó. El zorzal sacó fuerzas de flaqueza y voló; se alejó de sus captores sin darles oportunidad. Frente a esto el cazador dice a su hijo: "¿Te diste cuenta, Negrito? un zorzal herido siempre tiende a volar, y como él debemos hacer nosotros..." Así, intentaba inculcar en su hijo la fuerza para continuar "en carrera" siempre, pero más que eso, le enseñaba una forma de llevar y de entender la vida, como un continuo en el que tras la herida, por muy grave que nos parezca, tenderemos siempre a alzar el vuelo...

La magia de esta historia es que ese cazador, ese ciclista, ese padre, se vio obligado a bajar de la bicicleta y cambiarla por una silla de ruedas... con el tiempo, pero con una fuerza y espíritu inquebrantable, dejó las ruedas de esa silla y cayó de manera prácticamente definitiva en una cama, pero así y todo, herido, agotado y enfermo, como el zorzal de aquel día, pudo finalmente levantar el vuelo."

Hoy conocí esta historia, esta vivencia de mi abuelo y mi tío Manuel, y estoy 100% seguro sólo mi abuelo, mi tata, con esa gran sabiduría, habría sido capaz de aprender tanto de algo tan simple...

Hoy como nunca me siento distinto, porque sé un poco más del padre de mi madre, y aunque sé que su cuerpo ya no estará con nosotros, su alma, su voz, su infinita sabiduría e infinita entrega y amor no nos abandonarán jamás.

Primo... Ariel, abrazarte me dejó sin palabras, pero a ti dedico todo este aprendizaje y toda la felicidad que siento hoy de conocer facetas que quizá tu ya conoces de mi abuelo, pero que a mi como ser humano me llenan desde el rincón más lejano de mi corazón... a ti dedico y dirijo esa lucecita que brilla ahora en mi espíritu mientras lloro nuevas lágrimas, lágrimas distintas, que el recuerdo de tu esposa y tus hijos gritando en esta casa, el recuerdo de esas sonrisas tan hermosas que nunca se extinguirán consuelan mejor que cualquier otra cosa.

Primo mío, ten presente siempre que desde hoy puedes mirar al cielo y llenarte de alegría, porque en esa inmensidad hay un destello, una estrella que es sólo tuya; puedes alzar la vista y saber que hay un trozo del cielo que te pertenece sólo a ti...

Mucho ha cavado hoy el dolor en muchos corazones, la pérdida de dos seres queridos en un mismo día duele sobremanera, pero con el paso del tiempo y el apoyo mutuo un día despertaremos y encontraremos que ese mismo agujero que hoy agranda el dolor estará copado de paz y de felicidad.

Robinson Avila Valenzuela

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